VIDEO | Dos políticos en Brasil ajustaron sus diferencias en una pelea de MMA

El alcalde de la ciudad brasileña de Borba se enfrentó a uno de sus mayores críticos, en una pelea de MMA para resolver sus diferencias políticas.

Se trata del alcalde del municipio de Borba, en Brasil, Simao Peixoto, y el exconcejal Erneu Alves de Silva, quienes se enfrentaron en una pelea de MMA el pasado sábado, 11 de diciembre, en un gimnasio del pueblo.

Los dos funcionarios tienen un historial de diferencias políticas y se han enfrentado en varias oportunidades, por ejemplo, en septiembre pasado, Alves de Silva llamó al mandatario “canalla” y “sinvergüenza”.

Sin embargo, lo que ha llamado la atención y por curioso que parezca, la situación no se quedó así no más, pues ambos políticos decidieron resolverlo no en forma diplomática ni ante la opinión pública, sino sobre un ring.

En un principio todo pareció una reacción hepática del alcalde contra el exconcejal, sin embargo, arreglaron la pelea e incluso vendieron entradas a US$17, según medios locales.

La decisión de organizar la batalla no cayó en gracia para los vecinos de la comunidad. El alcalde justificó: “Yo no soy un luchador, yo soy un prefecto del municipio”. Argumentó que prefería hacerlo en un ring que en la calle.

A partir de allí la situación se manejó al mejor estilo de Neto Bran y Tres Kiebres en Guatemala. Ambos publicaron videos en donde se preparaban para la pelea. Cuando llegó el día de la pelea, el lugar en donde se enfrentaron estaba repleto.

Peixoto, de 39 años, hizo caer rápidamente a ‘Mirico’, de 45. No obstante, el exconcejal se repuso y asestó varios golpes y patadas al alcalde hasta hacerlo cojear al cabo de varios minutos.

Al final Peixoto se impuso “por puntos” a Mirico, bajo la protesta de varios espectadores que quedaron descontentos con el resultado y lo calificaron de fraude.

Al final fueron más las críticas negativas que positivas a la pelea aun cuando el edil justificó que lo hacía para promover el deporte.

Los críticos de la autoridades dijeron que esto era una mala señal porque impulsaba resolver las diferencias políticas con golpes y no con la diplomacia y las palabras.