La historia del Santo Sudario, el manto con el que cubrieron a Jesús después de su muerte

La Sábana Santa o también conocida como Sudario de Turín, Síndone, o el Santo Sudario, es una reliquia católica presuntamente usada durante la sepultura de Jesús, está sábana es de tela de lino y mide 4,36 por 1,13 metros.

El origen de la Sábana Santa se debate entre científicos, teólogos, historiadores e investigadores. Se trata de una de las piezas más reverenciadas por los creyentes católicos, pero también un misterio que durante décadas ha llamado la atención de los científicos.

Este lienzo, que se encuentra preservado en la catedral de la ciudad italiana de Turín, parece mostrar la imagen del cuerpo de Jesucristo en el momento de su entierro y que el rostro que aparece plasmado es el suyo con los brazos cruzados y varias heridas.

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La existencia de esta Sábana Santa lo menciona en la Biblia en el Libro de Mateo en el capítulo 27, ahí explica que José de Arimatea, dueño del sepulcro donde fue sepultado Jesús, al tener el cuerpo, “lo envolvió en una sábana limpia y lo puso de nuevo en su sepulcro”.

La tela de lino que supuestamente cubrió el cuerpo de Jesús tras su muerte en la cruz, ha sido estudiada en varias ocasiones, incluso se dijo que tenía restos de sangre.

El manto se encuentra custodiado en la Capilla Real del Duomo di Torino, es decir en la Catedral de San Juan Bautista de Turín, desde 1578. La Iglesia se encuentra en el centro de la ciudad, a pocos pasos de una de las plazas con más atractivos turísticos de la capital piamontese, Piazza Castello.

Es puesto a exposición pública aproximadamente una vez por cada generación. La última exhibición previa a la extraordinaria que se viene realizando como preparación al Jubileo tuvo lugar en 1978, y en cinco semanas, aproximadamente 3 millones y medio de peregrinos la visitaron.

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De acuerdo con los custodios de la reliquia, el relato histórico más antiguo sobre su existencia se remonta a 1353, cuando el caballero francés Geoffroy de Charny colocó el Manto en una iglesia que construyó en la región de Champagne, Francia. Luego de eso pasó por varias manos y lo último que se conoce es que fue casi destruido por un incendio en 1532 antes de llegar a su último destino a la Catedral de San Juan Bautista en 1578, en Turín, Italia.

National Geographic retoma el libro de Mark Oxley “El reto del Manto: Historia, Ciencia y la Sábana Santa de Turín” y dice que no fue hasta 1898 cuando un fotógrafo amateur de nombre Secondo Pia logró captar imágenes del Manto en la que se aclararon algunos detalles sobre el misterio.

Oxley escribió en su libro: Manchas de sangre y heridas pueden verse claramente en él. Sin embargo, los descubrimientos de Pia no fueron bien recibidos por algunos no creyentes quienes criticaron el estudio y empezaron los cuestionamientos sobre su autenticidad.

Dichos cuestionamientos sólo lograron incrementar el interés en esta reliquia. Entre 1931 y 1973 se realizaron fotografías bajo condiciones más exigentes, pero fue en 1969 cuando un arzobispo de Turín permitió que un grupo de científicos examinaran el pedazo de tela.

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El equipo STURP (Proyecto de Investigación de la Sábana Santa) sometió al sudario a pruebas de rayos X, fluorescencia y químicas durante 120 horas; en la investigación se concluyó que no contiene pigmentos, colorantes, pinturas u otras pruebas de fraude.

En 2011 medios de todo el mundo dieron a conocer los resultados de una investigación de cinco años: la principal reliquia cristiana no es una falsificación medieval.

Científicos de la Agencia Nacional de Nuevas Tecnologías, Energía y Desarrollo Económico Estable de Italia, encargados por el Vaticano de investigar la tela, afirman en su informe final que “el Sudario se remonta al siglo I después del Nacimiento de Cristo, es decir, no es medieval. Y se comprobó la total ausencia de pigmentos, o sea, no fue hecho por la mano del hombre. Todos los fragmentos que hemos hallado son de origen orgánico, en este caso sangre”.

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Por su parte, un grupo de científicos del Instituto de Materiales de Trieste y del Instituto de Cristalografía de Bari (entes pertenecientes al prestigioso Centro Nacional de Investigación de Italia) determinó que el tejido de la reliquia estuvo en contacto con sangre humana. Más específicamente, teniendo en cuenta los materiales hallados en el estudio, el manto estuvo en contacto con una persona que fue sometida a tortura.

Según explicó Elvio Carlino, jefe de la investigación, “se demostró que en la fibra de lino hay creatinina, de dimensiones de entre 20 y 90 nanómetros, unida a pequeñas partículas de hidrato de hierro, de dimensiones de entre 2 y 6 nanómetros, típicas de la ferritina”.

Además, el profesor de la Universidad de Padua, Giulio Fanti, agregó que la amplia presencia de partículas de ceratinina unidas a las de hidrato de hierro son típicas de un organismo que estuvo sometido a torturas. Ese escenario representa “un fuerte trauma múltiple sufrido por el cuerpo envuelto en el lino”.

Y agrega que: “el estudio indica que el hombre envuelto en el sudario fue víctima de duras torturas antes de una muerte cruel”, confirmó Fanti en el estudio en el que también participaron los profesores Liberato De Caro y Cinzia Giannini.

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Según el informe que redacta el análisis de las fibras quedó registrado -a un nivel no apto para el ojo humano, desde luego- “un escenario violento, cuya víctima después fue envuelta en la tela fúnebre”.

La tradición siempre señaló que en ella se envolvió el cadáver de Jesucristo tras su traumática muerte en la cruz. Sin embargo, otro grupo de científicos ha renegado de ese valor “milagroso” del manto y asegura que se trata de una pintura creada en la Edad Media para alimentar la mística entre la población europea.

La Iglesia Católica nunca ha dicho oficialmente que se trate de la tela con la que se envolvió a Jesús. Comenzó a ser exhibida en 1357 en Lirey, Francia, pero nunca se supo con certeza cuál fue su origen. Desde entonces recorrió ciudades a lo largo de dos siglos, hasta llegar a su lugar actual en 1578, consignó el diario La Vanguardia. En 1958, el papa Pío XII autorizó su devoción.